¿Quienes participamos de la aventura? Siempre viajamos Àlex y yo solos, pero esta vez decidieron acompañarnos también otra pareja; Noe y Alex.
El viaje comienza realmente cuando sientes el avión aterrizando en Mumbai; comienzas a ver un mar de barracas que no se acaba nunca salpicadas por edificios que parece que vayan a caerse en cualquier momento... es en ese instante en el que te das cuenta de la maravillosa idea que tuviste un buen día mientras, sentado en la comodidad de tu casa decidiste descubrir la India.
El aire pegajoso y enrarecido que se respira una vez en tierra es el segundo punto clave que te hace sentir que has cometido una temeridad y hace que te plantees el hecho de que aún quedan treinta días por delante.
El recorrido en taxi des de el aeropuerto hasta el hotel ya no deja lugar a dudas; te adentras en un mundo de cláxons, tráfico irrespirable, pobreza en el máximo esplendor allá donde miras, el perfume del mercado de pescado que pasa por el lado izquierdo, gritos de peatones, niños jugando con la basura de la calle... y es que por mucho que hayas leído, por muchos documentales que hayas visto y por mucho que te intenten concienciar, el impacto es tal que l primer día, junto con la mezcla del "jet-lag" te escondes en la habitación del hotel, por muy cutre y maloliente que sea (ni en eso tuvimos suerte...).
Segunda etapa, la adaptación: después de unas horas en el hotel, mientras uno de nosotros se escondía literalmente en la habitación, el resto decidimos salir a explorar los alrededores. Llegamos a un mercado, con la dificultad añadida de socabones, coche, animales y personas que vamos sorteando por el camino. Compramos cuatro frutas y enseguida nos damos cuenta de que lo mejor será volver e intentar asimilar todo lo que hemos vivido en las primeras horas que llevamos en el país.
Al día siguiente comienza el viaje propiamente dicho, intentamos huir de Mumbai tal y como teníamos planeado y nos dirigimos a la estación de tren para comprar los billetes a Goa. Hay que decir que es una tarea complicada ya que continuamente nos querían estafar. A esto te acabas acostumbrando, pero siempre hace que cualquier cosa que quieras hacer sea un mundo: has de pelear por conseguir unos billetes de tren, un taxi, comida, ropa, información...
Finalmente, con los billetes en mano, cogemos el tren. Ese viaje fue uno de los más largos que hicimos, en total unas 12 horas. Los trenes en india merecen un apartado especial (mirad más abajo).

Llegamos de noche a Goa y llovía mucho debido a los monzones. Acabamos en un hotelito a pié de playa que evidentemente estaba completamente vacío (agosto es temporada ultra-baja en esta zona).

Goa tiene fama de playas paradisácas, arena blanca, cocoteros... y suponemos que debe ser así en invierno, cuando es temporada alta, pero cuando es época de monzones las playas están completamente desoladas y los hoteles son muy solitarios, no hay mucho que hacer.
Los días que pasamos se podrían resumir en lluvia, lluvia, más lluvia y fiebre, mucha fiebre. Primero cayó Noe y al día siguiente Àlex, así que medio equipo fuera decombate en la primera semana; eso es comenzar con buen pié...
No paraba de llover y había mucha humedad, así que decidimos que lo mejor sería marchar en dirección Hampi, donde suponíamos que no llovería tanto.
Hampi resultó ser nuestra salvación y donde finalmente comenzamos a disfrutar del viaje, primero porque no llovía y segundo porque resultó ser un pueblo precioso, tranquilo y con gente encantadora. Estuvimos allí tres días, y en estos Àlex y Noe se recuperaron bastante, hasta nos encontramos con fuerzas para ir a una fiesta popular de un pueblo cercano... fu una experiencia impresionante, vivimos una procesión donde hombres y niños no paraban de bailar al son de la música.

En Hampi podreis encontrar muchos yacimientos arqueológicos, por unas pocas rupias cualquier conductor de rickshaw os hará un recorrido hasta que quedéis hartos. Si os animáis, también podéis alquilar unas motos y recorrer el lugar por vuestra cuenta.
Para salir de Hampi y dirigirnos a Anantapur alquilamos un coche con conductor ya que pensamos que después de tantos días enfermos Alex y Noe irian mejor en coche. Al llegar a Anantapur fuimos directamente a la Fundación pues la ciudad no tiene gran encanto.
Atención porque en la India, la fundación se conoce como Rural Development Trust (RDT), lo decimos porque si dais el nombre de la fundación a los conductores de rickshaws no sabrán qué es lo que les queréis decir; tenéis que nombrar RDT. La fundación no está muy lejos de la estación de tren o de la de autobuses. Con un rickshaw y unas 25 rupias llegaréis fácilmente.
La
Fundación Vicente Ferrer, uno de los motivos principales de nuestro viaje y que comentaremos en más detalle un otro artículo. Tan solo decir que ha sido todo un acierto. Sólo ver la fundación y sus proyectos merece la pena el viaje a la India. Sus trabajadores y voluntarios son lo mejor y Vicente Ferrer... qué se puede decir de una persona tan maravillosa. Sólo comentar que aprovechamos una vez allí para apadrinar a nuestro niño, Dinesh, una pequeña personita de 3 añitos... y evidentemente lo fuimos a ver para celebrar que ja nos tenía como padrinos! Fue toda una aventura.
Os podréis alojar en la fundación durante unos tres/cuatro días mientras visitáis todos los proyectos; sólo debéis poneros en contacto con ellos mediante su página web. No hace falta que seáis padrinos para que os dejen acceder y disfrutar de las instalaciones, pero una buena manera de recompensar su esfuerzo es adquirir los productos que tienen en la tienda, ayudar a dar a conocer la fundación y evidentemente apadrinar una vez estéis allí.
Abuelas lavando un recién nacido en la maternidad, uno de los proyectos de la fundaciónPara llegar a Delhi optamos por coger un avión en Bangalore, desde la fundación os ayudarán a encontrar billetes para coger un tren que os lleve o, si hay serte y un grupo que esté visitando la fundación sale aquel día, aprovecharán para llevaros.
Bangalore es una ciudad completamente diferente a las demás, es próspera y muy limpia; el centro de negocios a nivel internacional de la India. Sólo estábamos de paso para coger el avión dirección Delhi y no tuvimos tiempo de profundizar mucho más, pero seguramente resultaría interesante echar un vistazo a los rascacielos y las áreas comerciales. Es un cambio radical respecto al resto del país.
Al salir del avión en el aeropuerto de Delhi el calor asfixiante mezclado con la contaminación de la ciudad te da la bienvenida, estás en la capital. Delhi es una ciudad caotica como todas las grandes ciudades de la india, excepto Bangalore claro. Es un constante ir y venir de coches, animales, personas, basura... Nosotros no le encontramos mucho encanto, la única visita importante que queríamos hacer era al Red Fort y lo pudimos hacer al encontrarse cerrado pues faltaban unos días para la celebración de la independencia y todo lo cierran por cuestiones de seguridad.
Un día más tarde marchamos para Jaisalmer; el trayecto en tren directo desde Delhi es bastante largo pero merece la pena cruzar todo el territorio que los separa. Jaisalmer es una pequeña ciudad atrapada en el pasado, con pequeñas callejuelas, espléndidos
ghats, antiguas
havelis y en el centro una gran fortaleza coronando la pequeña montaña que forma el núcleo de la ciudad. Es la última ciudad antes de penetrar en el gran desierto del Thar, frontera de arena entre India y Pakistán, situado a unos 100 km.
En esta ciudad el tiempo pasa lentamente, muy lentamente... es por tanto un punto de tranquilidad en el viaje. Una imagen que nos viene a la cabeza cuando pensamos en esta ciudad de arena es la de pasear junto a los
ghats al atardecer, mientras el viento arrastra unos cánticos procedentes de una pequeña capilla cercana.
Los ghats son un conjunto de escaleras que bajan hasta un lago sagrado donde realizar abluciones y ofrendas; casi todas las ciudades y pueblos tienen como mínimo uno.
Las havelis son casas típicas del norte de la India y el Pakistán, construidas en roca del desierto, con la fachada totalmente esculpida creando un efecto decorativo maravilloso.Una de las actividades que podréis hacer en Jaisalmer (si no os conformáis con descansar...) es realizar una excursión al desierto del Thar. Todos los hoteles os ofrecerán. La nuestra consistió en dos días a camello a través del desierto, descubrir algunos poblados donde viven totalmente aislados, dormir en unas dunas de arena "mirando las estrellas" (por decir alguna cosa porque con el viento te tenías que tapar enterito si no querías comer arena mientra dormías). Realmente estuvo muy bien, pero acabamos hartos de camellos! En la siguiente imagen podéis ver una mujer de uno de estas aldeas perdidas del desierto preparando un buen té:
Después de la visita a Jaisalmer nos dirigimos hacia Jodhpur; la ciudad azul. Conocida con este sobrenombre debido al color de sus casas, que antiguamente pintaban de azul los bramanes; la casta más alta de la India.
Actualmente todo el mundo pinta sus casas de azul, dicen que es un repelente natural para mosquitos y que además las hace más frescas en verano, y es que Jodhpur es la ciudad india con más horas de Sol al año!
Jodhpur es una ciudad bonita, no hay tanta suciedad como en otras ciudades y se respira cierto encanto. Además el fuerte es una estructura impresionante y maravillosa del que recomendamos la visita... hasta disponen de audioguias en castellano, de manera que no os perderéis ningún detalle!!

Dejando atrás Jodhpur nos dirigimos a Pushkar, un lugar emblemáticamente místico debido a que es un pueblo sagrado, mágico. En Pushkar no podréis comer carne, ni beber alcohol y deberéis estar muy atentos si vais a los
ghats, pues no dejan fotografiar y son muy rigurosos con los extranjeros, cansados suponemos, de que les hagan reportajes al más puro estilo
National Geographic cada vez que van a realizar ofrendas o a hacer unas cuantas oraciones. Pushkar no es muy grande pero sí muy turística. Y lo entendemos perfectamente: es un lugar muy tranquilo, lleno de templos y personas interesantes y además podréis encontrar un montón de cosas que comprar a unos precios muy muy asequibles.
Una de las curiosidades es que tanto la carne como el alcohol y los huevos están prohibidos, pero no os será nada difícil probar el Special Lassi o Bhang Lassi. ¿Qué es? El lassi lo podréis encontrar por toda la India pues es una especie de yogur que se puede combinar con frutas... pero ¿qué tiene de especial el Special? pues que en vez de combinarlo con frutas lo hacen con hachís; el resultado os lo podéis imaginar, no?
Id con mucho cuidado si lo probáis, normalmente te dan a escoger entre pequeño, mediano, fuerte o extra-fuerte, no probéis el extra o podéis acabar muy mal... nosotros probamos el mediano y el fuerte y os aseguramos que el fuerte es muy MUY fuerte ;-) Y por cierto, no consideréis la idea de comprar drogas, hay penas de prisión muy severas si os cogen con ellas!!!
Ghats de Pushkar al atardecerDespués de un merecido descanso en Pushkar continuamos camino hacia Jaipur. Esta es una ciudad mucho más grande y efervescente que Jodhpur y seguramente eso mismo ha hecho que pierda encanto. Sólo encontramos interesante el observatorio y el palacio de la ciudad, pero en ningún caso son una visita obligada... no tuvimos tiempo de ver el Amber Fort y al día siguiente ya marchábamos hacia Agra a ver el Taj, pero las cosas se torcieron...
De buena mañana íbamos a la estación de autobuses con un ciclo-rickshaw cargado de mochilas hasta arriba. Todo parecía ir de maravilla cuando justamente en la puerta de la estación de autobuses el ciclo-rickshaw bolcó por culpa de un "pequeño" bache. La Vanessa quedó con su pierna justo debajo de los hierros del rickshaw y tuvo una rotura muscular del gemelo del que aún hace 6 meses que se está recuperando... eso acabó con el viaje; después de pasar por el hospital de traumatología de Jaipur nos encerramos en un hotel y hasta unos días más tarde no cogimos un tren que nos llevaría a Mumbai para volver a casa. Y hasta aquí llega el viaje y nuestro relato.
Aquí tenéis una lista de algunos de los hoteles donde nos alojamos, nuestra opinión y la dirección de contacto:
Como puntos fuertes del viaje no os perdáis Hampi, la Fundación Vicente Ferrer, Jaisalmer y el desierto del Thar, Pushkar y Jodhpur.
Viajar en tren en Sleeper Class es fundamental para ver y vivir la sociedad india...
Probar un Special Lassi también será seguramente una experiencia inolvidable ;-)
Por contra no volveríamos a pasar por Delhi (a no ser que sea imprescindible) pues es una ciudad sucia, cara y con pocos atractivos.
Tampoco visitaríamos (en esas fechas) Goa, pues los monzones y el poco turismo dejan este lugar completamente desolado, viene a ser como Lloret de mar en invierno.
Viajar en tren por la India es cómodo y no muy difícil. A continuación os indicamos como hacerlo para no morir en el intento...